Qué hacer con los que van sentados en el piso de los buses de TransMilenio.


Se ha vuelto recurrente ver tumbados en el piso y con la cabeza en medio de las rodillas, a pasajeros que de manera inescrupulosa se posan con vehemencia sobre el piso de los buses de TransMilenio. Se hacen los dormidos, o en algunas ocasiones, realmente se quedan dormidos, como en la imagen.

El tema, sin embargo, se ha vuelto una constante que genera incomodidad entre los usuarios y que por supuesto también afecta la seguridad en el sistema. TransMilenio S.A. ha establecido la prohibición para que los pasajeros no se sienten en el piso, porque se puede ser víctima de un accidente. El sistema  también ha sugerido, dentro de las recomendaciones para los usuarios y su disposición dentro del sistema, que no usen los pasamanos para recostarse o sentarse.

Para generar un impacto que desmotive a los usuarios que recurren en esta falta, la mejor manera es a través del buen trato y el fomento de la cultura ciudadana. Sin embargo, los usuarios pueden, a través de las autoridades de seguridad dispuestas en las estaciones, denunciar a quienes vayan sentados en el piso para prevenir altercados.  TransMilenio cuenta con personal de Misión Bogotá, policías profesionales y auxiliares, con quienes los ciudadanos pueden denunciar a las personas que violen las reglas en estaciones, portales y buses.

También pueden hacerlo de manera profundamente respetuosa y con intención comprensiva sugiriéndole a quien va en el piso que, para evitar inconvenientes, se ponga de pié.

Qué hacer ante una emergencia en TransMilenio.

El garantizar la seguridad de los usuarios de TransMilenio, en portales, estaciones y buses, es  prioridad del sistema. Ante eventualidades, que se pretenden evitar a toda costa, es de interés de la autoridades que la comunidad se pronuncie y haga parte de los procesos que buscan fortalecer la seguridad.

Ante esto, es importante saber qué hacer en un momento determinado si se es víctima o simplemente testigo presencial de un accidente o hecho violento.

Para ello, TRANSMILENIO S.A. adoptó un procedimiento especial para la atención de este tipo de contingencias. La persona afectada o quien presencia el hecho debe reportarlo inmediatamente al personal del Sistema que se encuentre en el sitio, para que ésta inicie las acciones pertinentes, como llamado de ambulancias, elaboración de informe. Los informes se registran en la bitácora del Sistema o de la Policía a través de un inspector de TRANSMILENIO S. A. o de un representante de la Policía.

Es de anotar que todas las acciones que se adelanten, así como las personas involucradas quedan registradas en el informe, que reposará en los archivos del Sistema.

Aprenda a presentar una queja efectiva sobre un conductor de TransMilenio.

 Ya que por lineamientos del sistema a los conductores de los articulados o biarticulados se les impide hablar con los usuarios, estos últimos pueden presentar quejas formales y efectivas que procuren el mejoramiento del servicio y por supuesto que aporten al fortalecimiento de la seguridad en el sistema.

Si ha sido usted testigo de actitudes irresponsables o arriesgadas por parte de algún conductor, preste muchas atención a lo siguiente, aprenderá a defender sus derechos como usuario.

Con el fin de adelantar la investigación pertinente, se debe suministrar la siguiente información: número del bus, empresa, fecha y hora de los hechos, ruta que cubría el vehículo, sentido y de ser posible, datos adicionales que faciliten el proceso de investigación. Esta información puede ser suministrada por escrito a la sede de la entidad, vía fax, presentarla en los PAU(Puntos De atención a los usuarios) o telefónicamente a través de la Línea 195.

Calendario de propósitos.

Se fue el año, como suele hacerlo cada doce meses. Es importante escribir para el lector que sus proyectos, programados con profundo brío, van a transitar por una serie de etapas en el transcurso del 2012.

Son 5 etapas en 365 días. Aquí se las describiremos.

Enero y febrero, optimismo desmedido.

“Este es mi año”, decimos en estos dos meses de claridad de ideas, convencidos de que todo se realizará de acuerdo a lo que se planeó. Estamos seguros de que los 12 meses son perfectos para encajonar cada reto cumplido; el carrito, la motico, el grado, el matrimonio, el divorcio. Todo es inmenso y saludable optimismo. Es la mejor de las etapas, debo celebrarlo.

Marzo y abril, realismo moderado.

“Debo ser perseverante”.
¿Nos está cogiendo la tarde?… No. Estamos a tiempo de iniciar con fuerza empujada el camino para conseguir los propósitos programados hace tres meses. -Está como complicado, ¡pero se puede!-, rezamos cada día mientras navegamos en esta, la segunda etapa.

Mayo, junio y julio, frustración justificada.

No he tenido la culpa de que el banco me negara el crédito. Me habían prometido un aumento. El dólar está muy caro. Ella juraba que me amaba (llanto). Empezamos a ver como nuestros propósitos se hunden, pero no es nuestra culpa. Las cosas no se han dado como se esperaba.

Agosto, septiembre y octubre, pesimismo inevitable.

“No se puede”, definitivamente no se puede. Este año no fue el mío. Contradictorio a lo dicho en la primera etapa. No hay nada que hacer, el tiempo pasó muy rápido y no pude reaccionar. Es la peor de las etapas, debo lamentarlo.

Noviembre y diciembre, resignación saludable.

“Ya será para el próximo año”.

 

Fuente: cinismoilustrado.com

Esto no parece navidad.

 

Parece ser que cada año la navidad se está helando más de lo normal, y no es precisamente por la niña. El fenómeno.

Cuántas veces han escuchado decir –en esta mágica temporada-: Esto no parece navidad. Yo, muchas veces. El taxista, el compañero de trabajo, Twitter. Pero a qué se debe. Debo decir que hubo una muy concienzuda y llena de buenos deseos para este año nuevo, consulta. Indagué a mi recuerdo que huele a chispitas mariposa y a mi nostalgia con sabor a natilla. De vainilla.

El  primero, espiando el cielo, memoró los globos amasados con papel de seda de colores, pegante, hilo y gasolina, que se atrevían a empinarse hasta el límite de la vista. Muy arriba. Un puntico amarillo en la inmensidad oscura de la noche de navidad.

-Todos nos reuníamos alrededor del globo-, señala mi recuerdo y añade, -lo soplábamos y lo soplábamos como el lobo-, y luego, se iba al cielo. Como el lobo.

Entre tanto, la muy decente nostalgia, que vestía traje negro al momento de la entrevista y que en su mano derecha llevaba un buñuelo <<mientras desfilaba por la oficina>>  y en la izquierda, nada, no llevaba nada, suspiro al tiempo que dijo: “Hola, pero esto no parece navidad…”, se embutió el buñuelo entre los dientes y continuó: “… pagrece qre fruegra ung dríag cuarlqurierag”, se tragó el buñuelo y terminó diciendo, un buñuelo sin natilla, es como…  Mi recuerdo interrumpió y gruñó: “es como pasar el 24 solo”.

Mis invitados sepultaron su mirada en el piso y se fueron deseándome feliz navidad.

¿Las fiestas no parecen ser las mismas de hace algunos años?, pregúntale a tu recuerdo y a tu nostalgia, ellos te dirán porqué.

El invierno es más que inundaciones.

El pantalón está adherido a las piernas, es una extensión, parece una capa superior a la hipodermis. No hay peor idea que salir por estos días a la calle sin una sombrilla. Aunque, pese al frío grosero que supone tener toda la ropa empapada, es medianamente agradable. En la calle, entaconadas haciendo saltos malabáricos para esquivar charcos, la carpeta entechando la cabeza de muy refinadas oficinistas recién cepilladas. Es un espectáculo, sin duda. Uno al que se asiste como colega o como espectador pícaro y agradado de las desgracias húmedas de los friolentos transeúntes, un carro disparando agua negra y fría a erguidos y encorbatados desprevenidos.  Bogotá es gris por estos días, muy gris, tan gris como Lima.

Quienes tomamos el bus, o su variación más parecida, TransMilenio, sabemos qué tan difícil es correr sin más amparo que el de un cielo encapotado y furioso y una distancia eterna desde la última trinchera hasta el interior del automotor. Y ahí dentro es peor. No se ve nada para afuera. Las ventanas son grises, como Lima y Bogotá, todos están mojados y el olor es, ya se lo imaginarán. Uno quiere ver afuera, uno necesita ver dónde va para no pasarse. Y llueve a cántaros. Y huele.

Luego, al bajarse, de nuevo hay que afrontar una maratónica cruzada soportando los coscorrones de gotas frenéticas que se hunden en cada parte del cuerpo y cada parte de la ropa.

En casa, luego de huir sin gloria de los chubascos y embutirse de esfuerzo en esfuerzo en cada protección improvisada  <<el paraguas multicolor y con goteras de un puesto de dulces de una esquina, una tienda residente de emparamados >> no hay satisfacción mayor a la de sentir el calor de no estar afuera.  Las ventanas alarean tras cada golpe de la lluvia y a través de ella, más gente gris huyendo de la gotera inapeable de un invierno que deja 114 muertos, 18 desaparecidos y millones de friolentos y húmedos colombianos.  Mañana compro sombrilla.